¡Buenos días! En este repaso de trasfondos del VI Torneo Leyendas en Miniatura estamos teniendo todo tipo de conflictos y puntos de vista, desde los más viles a los honorables, y hoy volvemos al siempre querido Imperio, de la mano de Pableras.
Archiebald von Freiburg se recostó en su sillón carmesí. La luz dorada del atardecer entraba por la ventana de su torre. Abajo, en la distancia, se veía el sol ponerse sobre los hayedos otoñales, que parecían arder. Tomó el viejo grimorio de Gormann (“Las sutilezas del arte del control del veleidoso viento de Aqshy del Patriarca Supremo de los Colegios de la Magia Thyrus Gormann”) y colocó su pipa sobre sus viejos y agrietados labios. Últimamente se había aficionado a ese producto que llegaba de Lustria. Era una moda que habían traído los desarrapados que habían acompañado a Marco Colombo en sus expediciones. A las hojas secas que traían de allende los mares añadía unas hierbas que le daba un colega del Colegio Jade y también un toquecito de tabaco enano. Chasqueó los dedos y la pipa se encendió. Dio un par de caladas mientras pasaba las páginas del volumen arcano. De improviso, una pequeña llama surgió de la cazoleta, amenazando el bigote de Archiebald. Maldiciendo, cogió el espejo que tenía sobre la mesa. Bien, su barba no había ardido. Siguió un rato elucubrando a la luz de las velas sobre piromancia, cuando llamaron a la puerta rompiendo su concentración.
-Su señoría, ha llegado un emisario de la Iglesia de Sigmar-dijo su lacayo visiblemente nervioso.
Previendo las malas noticias, Archiebald tomó su espada, bajó rápidamente las escaleras y se encontró con la fatigada figura de un severo clérigo calvo. Olía a sudor y sangre y su armadura estaba sucia y magullada.
-Vengo de la frontera de Stirland, una gran horda de hombres bestia está arrasando toda la región -paró un instante, como si le costara escupir sus próximas palabras- necesitamos ayuda de la guarnición de la torre y de sus servicios, hechicero- remató su voz grave con una nota de suspicacia.
-Jamás desoiré la llamada a la defensa de nuestro glorioso Imperio.
El mago ordenó a sus sirvientes que atendieran al sacerdote y tocaran las campanas para agrupar a las tropas. Corrió por pasillos cuyas antorchas se encendían a su paso. Al llegar al gran establo acarició las plumas de su fiel Julieta.
-Volvemos a surcar los cielos, amiga- le dijo el mago con voz amistosa.
Montó en la grifo, que dio un par de fuertes zancadas a los pies del edificio y emprendió el vuelo. El soberbio animal le había acompañado desde una antigua campaña en Estalia, cuando era joven, pero aún sentía cómo se le contraía el estómago cuando comenzaba a elevarse. Un brillo creciente se intuía en el horizonte nocturno. Los hayedos ahora sí estaban en llamas.
- Maestro hechicero en grifo, de nivel 4, con Amuleto de la Suerte, Espejo de Van Horstmann y Reliquia Sagrada
- Capitán imperial portaestandarte de batalla, con armadura de placas y Estandarte del Grifo
- Mago de batalla de nivel 2 con Anillo del Fuego Infernal y Pergamino de Dispersión
- Sacerdote guerrero en caballo de guerra con barda, con arma a dos manos, armadura pesada e Icono de Magnus
- 5 caballería imperial de la Orden del Grifo
- 7 caballería imperial con grupo de mando
- 19 espadachines con campeón y músico
- Destacamento de 8 compañías libres
- Destacamento de 5 compañías libres
- Gran cañón
- 5 herreruelos con músico
- Cañón de salvas
- 14 flagelantes con campeón
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